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Grandes crisis de vida 2º La perdida del gran amor

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Mi último artículo terminó con mi llegada a la isla en compañía de una amiga, a principios de los años ochenta.

Nuestro viaje a la isla en tren y barco fue algo accidentado, debido la gran cantidad de equipaje que llevabamos. Hubo con un aviso de atentado de ETA en el tren de Port Bou a Barcelona que nos obligó a cambiar de tren y no llegar a la estación donde nos estaban esperando unos amigos que había conocido el año anterior.

!Y todo esto sin móviles ni forma sencilla de comunicarse!

Llegamos con bastantes horas de retraso, pero contentas y ilusionadas y, después de unos días en casa de esa familia, teníamos pasajes de barco para ir de Barcelona a Palma, sin emabrgo tuvimos e a esperar dos días más por un gran temporal.

Nuevamente experimentamos que en el camino a la meta siempre se pueden presentar dificultades, que forman parte de la experiencia, y que no hay que rendirse por pequeños contratiempos.

Cuando, por fin, llegamos a la isla nos recogieron unos amigos de Inca, donde íbamos a pasar unos días antes de ir a Alcudia para instalarnos, Resultó que el mismo temporal que nos impidió viajar a Mallorca en la fecha planeada, había destrozado los cables de teléfono en el norte de la isla y, durante días, no hubo manera de comunicarnos con las personas que nos estaban esperando en Alcudia. 

Finalmente conseguimos salvar todos los obstáculos y las primeras semanas nos instalamos en un chalet de playa que pertenecía a los familiares de una amiga y estaba vacío en invierno.

De hecho, fue la primera vez que pisamos la isla en invierno y confieso no nos esperábamos las temperaturas tan bajas y menos la humedad que se calaba en los huesos, especialmente porque la mayoría de casas de aquella epoca no disponían de calefacción y solía hacer más frio dentro de las casas que fuera.

Como teníamos algo de dinero ahorrado por haber compaginado los estudios con algunos trabajitos, y la vida en Mallorca de aquella época era bastante económica, no nos hacía falta trabajar durante los primeros meses. Por suerte disponíamos de mucho tiempo para descubrir cosas y adaptarnos a nuestra nueva vida. 

Una vez reparadas las líneas de teléfono, por fin pudimos contactar con un nuevo amigo que, el verano pasado, nos había ofrecido ayudarnos a encontrar vivienda y trabajo al llegar a la isla.

Como hace años que siempre veraneábamos en el mismo sitio, ya lo conocía de vista. Sobre todo en el último verano se había convertido en la comidilla de muchos veraneantes y residentes del lugar y se rumoreaba que se había quedado solo con sus hijos y que su mujer le había abandonado.

De todos modos se trataba de uno de esos hombres que hacían girar la cabeza con su sola presencia y muchas mujeres no paraban de alabar su enorme atractivo.

A mí también siempre me había parecido un hombre guapo, simpático, elegante y con una sonrisa maravillosa, pero como estaba casado y tenía familia, aparte de tener bastantes años más que yo, ni en sueños me hubiera imaginado que podria fijarse en mi. 

No obstante, el verano anterior, cuando mi amiga y yo nos quedamos algunas semanas más que mis padres,  de repente se acercó a nosotras para preguntar si nos apetecía cenar con él. Como se trataba de alguien con una reputación intachable y muy educado, aceptamos encantadas.

Durante la cena se mostro tremendamente amable y encantador, interesándose por nuestros planes y ofreciéndonos su ayuda en cuanto llegáramos para quedarnos.

Y efectivamente nos ayudó a encontrar una casita cerca de la suya y nos presentó a mucha gente que nos podría echar una mano para encontrar un trabajo en cuanto comenzaba la temporada,

Nos veíamos practicamente todos los días y pronto empezamos a ser inseparables, en un principio como buenos amigos que podían hablar de muchas cosas y que tenían una conexión muy especial, como si nos conociéramos desde siempre.

Cuanto más lo conocía, más maravilloso me parecía, porque, aparte de ser una persona muy noble y integra con la que tanto podías reirte y gastar bromas, como hablar de temas muy profundos, era simplemente el hombre más atractivo que había conocido nunca.

Naturalmente no pude evitar enamorarme perdidamente de él, sin estar nada segura si él correspondía a mis sentimientos. A veces veía un brillo especial en sus ojos al cruzarse nuestras miradas ,pero no quería hacerme demasiadas ilusiones. Seguía pensando que quizá solo le caíamos bien como amigas y que por su gran corazón decidió ser un protector para nosotras.

Despues de casi dos meses, finalmente llegó el dia, en el que estando solos, se arrodilló delante de mi para confesarme que ya se había enamorado de mí mucho antes, pero dada su situación de padre separado con hijos a su cargo, necesitaba estar seguro de que lo nuestro podía cuajar de cara al futuro, porque deseaba casarse conmigo en cuanto pudiera obtener el divorcio.

Nunca olvidaré su mirada de aquel momento ni sus palabras, cuando me dijo; "Me rindo, ya no puedo seguir luchando contra mis sentimientos por tí!"

Me sentía flotar y no cabía en mi de gozo y de felicidad absoluta !Estaba viviendo algo tan hermoso como un cuento de hadas, algo que ni siquiera hubiera imaginado en mis fantasias más osadas de joven romántica e idealista!

La pura verdad es que durante más de un año pude vivír la historia de amor más extraordinaria y maravillosa que se puede imaginar.  Nos compenetrábamos tan bien en todos los aspectos que simplemente parecía soñar. Encima sus hijos me cogieron mucho cariño y no hubo ningún rechazo por su parte, sino todo lo contrario y realmente todo aparentaba ir como la seda.

A veces me preguntaba como era posible ser tan feliz y me acuerdo de un instante, enel  que llegue a desear morirme en la cumbre de la fecilicada más absoluta. 

Para ser totalmente sincera, en los últimos dos meses antes de que todo cambiara radicalmente, le notaba algo más serio y distraído, y menos alegre que antes, pero quería pensar que eran cosas del trabajo o algo sin importania.

Sin embargo, una tarde, al ver el atardecer desde su terraza, de repente empecé a llorar desconsoladamente, Él me abrazó para consolarme, pero fue en ese momento que supe que unas nubes muy negras se estaban cerniendo sobre nosotros. Sollozando le dije que sentía que nuestros días de felicidad llegaban a su fin.

!Mis peores presagios no tardaron en cumplirse! 

Poco después, en la cena de mi cumpleaños, me dijo con voz apesumbrada que ya no podía retrasar más darme una mala noticia. Realmente ya sabia hace unas semanas que su todavía mujer iba a regresar del extranjero al día siguiente, porque se habia separado de su nueva pareja con la que también había tenido un hijo.

Me contó que ella volvía para recuperar a sus otros hijos que vivían con él y, aunque, de momento, se iba a instalar en Palma, su idea era pasar todos los fines de semana y vacaciones en la casa familiar. También me explicó que al seguir oficialmente casados, no le podía impedir venir a una casa que también era suya, aunque no le gustara la idea. 

Me abrazo y me dijo que sentía en el alma exponerme a una situación tan complicada, pero en esas cirunstancias su prioridad debía ser mirar por el bien de sus hijos. No podía permitir que ellos sufrieran por las decisiones de sus padres y que en esos momentos no sabía lo que iba a pasar.

Literalmente se me cayó el mundo a los pies y no pude ni reaccionar. Simplemente me quedé tan petrificada como en la noche que pasó lo de mi madre. Algo en mi interior presentía que, a partir de ese instante todo iba a cambiar. Nuevamente, y sin más aviso que el de mi propía intuición, toda mi felicidad fue destruida por un golpe de destino.

Cuando, al dái siguiente, por fin pude reaccionar, estaba como fuera de mi y se mezclaban mi enorme tristeza con una gran rabia e impotencia. Por un lado era más madura que otras chicas de mi edad debido a todo lo vivido. Y por el otro, seguía siendo una jovencita sin mucha experiencia de vida que sentía que se había quedado nuevamente abandonada.

A pesar de su petición de dejar de vernos unos días y contactarme cuando las cosas estuviesen más claras, me deje llevar por la desperación y le llamé a casa para reprocharle, entre lágrimas, que no podía hacerme esto y que no me merecía que me dejara sola en esas circunstancias.

En ningún momento se enfadó conmigo, pero desde mi perspectiva de hoy, sé que mi actitud le estaba causando más presión a su ya complicada situación. Además, mi inmadurez y falta de confianza manifestada le hizo crear dudas acerca de si era la persona adecuada para estar con un hombre con tres hijos.

! Cuanto hubiera necesitado tener a una persona madura y sabia a mi lado para aconsejarme en esos días!

Me hacía falta alguien que me aconsejara adecuadamente en unos momentos tan difíciles, pero la única persona a la que podia contar mis cosas, era mi amiga, una persona mucho más racional y menos impulsiva que yo, que desde el principio se posicionó al lado de mi pareja y me tachaba de exagerada e incomprensiva.

Tampoco podía contarselo a mis padres, porque sabía que tenìamos que esconderle todo lo difícil y desagradable a mi madre para no provocar una nueva crisis con internamiento. También consideraba que mi padre ya tenía bastante cargando con el peso de mi madre enferma con sus altibajos, así que no les dije nada y me hacia la fuerte cuando hablamos por teléfono.

! Y llegó el momento, en el que me di cuenta de que las cosas se iban a poner aun más feas!

Una semana más tarde me cruce con el coche de su mujer que iba acompañada de sus tres hijos y el nuevo bebe. Nada más verme los niños salieron disparados del coche para abrazarme y preguntarme, porque no había vuelto a casa y que me echaban de menos. Les abrace conteniendo las lágrimas, porque yo tambien les echaba de menos y les había llegado a considerar mi nueva familia.

Luego levanté la cabeza para saludar a su madre y, al cruzarse nuestras miradas, vi que ella quizás hubiera soportado que su ex pareja se enamorara de otra mujer, pero jamás que sus hijos le cogieran tanto cariño.

En el momento de percibir su mirada de rabia y rechazo, estaba completamente segura de que en ese instante me estaba decalarando la guerra, y que no iba a cesar hasta conseguir su objetivo de apartarme de su familia.

Haría falta una novela entera para describir detalladamente como fue el siguiente año y medio, pero intentaré resumirlo en pocas palabras:  Un viaje de la dicha más plena a la desperación más absoluta.

Finalmente ella se salió con la suya y exigió que ya no pisara más la casa familiar y que dejara todo contacto con sus hijos.

Estoy consciente de que hoy en día parece incomprensible que él aceptara esas condicones y para poder comprenderlo hace falta remontarse en el tiempo.

En la España del principio de los ochenta se había aprobado el divorcio ese mismo año, pero si no era de mutuo acuerdo (imposible en ese caso), había que esperar 5 años para obtener el divorcio.

Además, él habia crecido en una dictadura conservadora en asuntos familiares y yo venia de un pais democrático y liberal. En circunstancias normales eso no constituía ningún problema, porque él era alguien con una mente abierta y gran inteligencia, pero en ese caso lo complicó todo.

El hecho de tener una casa e hijos en común no facilitaba nada las cosas. Si se hubiera separado sin su consentimiento, tendría que haber abandonado la casa y dejar a sus hijos bajo la custudia de la madre. En esos tiempos, los hijos siempre se quedaban con la madre, a no ser que se tratara de una delincuente o drogadicta declarada.

Pese a todas las adversidades, seguíamos muy emamorados y nos veiamos en mi casa cuando era posible, Hay que recordar que no había móviles ni tampoco tenía teléfono fijo en mi casa. Eso significaba que él pasaba por casa si conseguia un rato libre. Esos ratos eran cada vez menos, porque habia comenzado un negocio nuevo que requería gran parte de su dedicación y le mantenía la cabeza ocupada.

Los primeros meses apenas salia de casa para no perderme ninguno de los escasos encuentros con mi amor. Como a menudo esperaba en vano, mi nivel de frustración crecía por momentos. En los pocos momentos que compartíamos, sentíamos toda la intensidad de un amor deseperado que había dejado de proporcionarnos la alegría de antes.

Nunca nos lo confesamos, pero sé que en muchos momentos hubiéramos preferido dejar de sentir para poder acabar con el drama que estábamos viviendo.

Ciertamente fue necesario que pasara algo impactante para que por fin abriera los ojos y me diera cuenta del callejón sin salida en el que estaba metida.

Cuando entendí que su prioridad eran sus obligaciones como padre, aunque eso significaba sacrificar su propia felicidad y la mía, comenzaba a forjarse una idea en mi cabeza, que en esos momentos veía como la única salida para inclinar la balanza a mi favor.

Decidí dejar de tomar la píldora sin decirle nada para quedarme embarazada, porque estaba segura de que un hombre con tanto sentido de responsabilidad jamás abandonaría a una mujer encinta. No me sentía nada orgullosa de mi actitud, pero solo deseaba que lo dejara todo para empezar una nueva vida a mi lado.

Es cierto que casi lo podría haber conseguido, sin embargo, debido al drama que estaba viviendo, apenas comía ni dormía. Me había quedado prácticamente en los huesos. rozando la anorexia, así que ni mi cuerpo, ni mi alma estaban preparados para asumir un embarazo.

Una mañana me desperté bañada en sange por todas partes y con fuertes dolores. Me asusté mucho y mi amiga llamó al médico. Después de examinarme y recetarme algo para parar la hemorragia, me confirmó que había sufrido un aborto espontáneo.

Aquel dramático suceso, finalmente, me hizo recapacitar después de tanto tiempo en un sinvivir. De repente me dí cuenta de que me estaba consumiendo y que las cosas no podían seguir así, sin no quería acabar tanto con mi saludo física como psíquica. 

En el fondo presentía desde el principio que el regreso de la madre de sus hijos iba a ser la estocada de muerte para nuestra relación, pero no podía aceptar ese final tan triste de nuestro gran amor.

Al principio también me parecía de cobardes abandonar a la persona amada en unas circunstancias tan adversas. Luego, a medida que avanzaba el tiempo, tenía cada vez mas claro que en el fondo nuestro amor se había convertido en un problema gordo para los dos.

Mi alta sensibilidad y empatía me hacían percibir claramente que, si no fuera por sus sentimientos por mí y por sentirse en deuda conmigo por su pomesa de convertirme en su esposa, ya hubiera optado hace tiempo por acabar de una vez por todas con tanto sufrimiento.

Recuerdo perfectamente que, una mañana, me levanté sabiendo que era el momento de tomar una decisión dolorosa. Me fuí un sitio de poder en la naturaleza donde venia siempre que necesitaba aclarar mis ideas y escuchar la voz de mi alma.  Esa mañana salí de alli con una firme decisión tomada.

Ese mismo día llamé a mi amor para decirle que tenía que verle urgentemente. Cuando llegó, quise volver a estar en sus brazos una última vez para luego decirle que era el momento de dejar de seguir luchando por un imposible. Le dije que había entendido que, pese a nuestro amor, no podíamos ser felices sobre los cimientos del sufrimiento de personas inocentes, y por eso teníamos que poner punto y final a nuestra relación.

Los dos lloramos y nos abrazamos fuertemente. Me miró dulcemente con sus ojos color miel y me dijo que sabía que tenía razón y que seguir juntos en esas circunstancias solo iba a destrozarnos y destruir todo lo bonito que habíamos vivido.

Con la mirada más triste del mundo me dijo que sentía en el alma todo el dolor que me había causado, cuando su intención siempre fue hacerme feliz, en vez de hacerme sufir por algo que no me correspondía.

Cuando nos despedimos con un último beso, los dos sabiamos que lamentablemente era imposible mantener el más mínimo contacto. Era obvio que cualquier encuentro nos iba a hacer caer en lo mismo, porque simplemente no podíamos dejar de sentir lo que sentíamos para ser solo amigos.

Cuando se marchó, me quede con la sensación de haber hecho lo único correcto. Despues de todas las lagrimas derramadas en los meses pasados que parecian llenar océanos, me sentia completamente vacia por dentro y sabia que él se había llevado un trozo de mí corazón imposible de recuperar.

A partir de ese día, los dos cumplimos nuestra promesa de no tener casi ningun contacto, a pesar de vivir en el mismo pueblo durante años. Obviamente evitaba los sitios que él frecuentaba y viceversa. Tampoco quería encontrame con sus hijos. Aunque también les echaba de menos a ellos, se merecian ser felices sin pagar las consecuencias de las errores de los adultos. 

En las pocas ocasiones, en las que coincidíamos, apenas nos saludamos y todo el mundo debía pensar que habíamos superado nuestra ruptura con matrícula de honor, cuando ,en realidad, bastaba mirarnos un instante para saber que los sentimientos seguían vivos.

!De alguna manera era cierto que nada podia destruir nuestro amor, aunque eso significaba no poder estar juntos!

Confieso que al escribir estas lineas, lo estoy reviviendo todo y no puedo evitar emocionarme profundamente y pienso que esto no va cambiar mientras viva.

Por un lado me siento privilegiada por haber vivido algo que muy poca gente experimenta en toda su vida, y estoy agradecida por la inmensa felicidad que la vida me regaló durante algo más de una año, pero perderlo después fue muy duro y el recuerdo no se arranca del corazon en toda la vida.

¿Qué es lo que aprendí de todo esto?

Pues aprendí que el verdadero amor existe, pero, como en las grandes historias del amor de las películas y novelas, parece que dificilmente puede haber un final feliz. También aprendí que el verdadero amor nos puede exigir hacer el sacrificio de dejar libre a la persona amada para que pueda seguir con su vida. 

A veces me pregunto si estaría dispuesta a revivirlo todo, conociendo el triste final, y espontáneamente diría que si, a pesar de todo el dolor que conlleva. Nunca me senti más viva y plena que en los días felices de nuestro amor y ¿Tal vez en este mundo dual haya que pagar un precio por algo tan bello?

!Finalmente cada uno debe decidir libremente hasta donde está dispuesto a llegar!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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